Jump the line, arte y deporte para la transformación social

Ane Cabello es la impulsora de este proyecto que promueve el cambio social regenerando espacios deportivos urbanos y utilizando el arte colaborativo como herramienta de participación comunitaria.

La cancha de Txagorritxu cogiendo color./Endika Portillo

Jump The Line es un proyecto joven nacido en 2019 de la mano de la gasteiztarra Ane Cabello. Su objetivo es impulsar la transformación social en comunidades en riesgo de exclusión y para ello utilizan el arte y el deporte como herramienta. A través de este proyecto, regeneran espacios públicos deportivos e involucran a la comunidad durante todo el proceso a través del arte participativo.

Jump The Line nació en la Universidad de Mondragón, en la carrera de LIE (Liderazgo, Innovación y Emprendimiento) que Ane Cabello ha estado cursando durante los últimos años. En uno de los viajes que realizó junto a sus compañeros/as a San Francisco, conoció el proyecto de Dan Peterson llamado Proyect Backboard, donde se dedicaban a pintar canchas de baloncesto en barrios en riesgo de exclusión social. La idea le fascinó y apostó por traerla a este lado del Atlántico. 

El equipo de Jump the Line y Pompa945 durante el pintado./Endika Portillo

“Investigamos y nos dimos cuenta de la necesidad que hay de regenerar espacios y del impacto que puede tener el arte en una comunidad. Además, como amantes del baloncesto que somos, apostamos por el deporte para fomentar la interacción social. Decidimos mezclar el arte y el deporte como transformadores sociales”, explica Ane.

Desde que el proyecto echó a andar, ya han regenerado una cancha en el barrio de El Pilar de Vitoria-Gasteiz y otra en el Ness Wadia College de Pune, en India, durante otro viaje que realizaron con la universidad. Actualmente están llevando a cabo el proyecto Aquilino, en el parque de la calle Bolivia, situado en el barrio gasteiztarra de Txagorritxu. “Nuestro objetivo es crear una red internacional de campos conectados a través de nuestra plataforma y organizar eventos que fortalezcan a las comunidades”, apuntan.

Cancha de la India y del barrio de El Pilar./ Jump The Line

Involucrar a la comunidad

Para identificar y conocer cada espacio, transformarlo y mantenerlo a largo plazo, trabajan junto a los/as artistas locales y la gente del barrio. El primer paso es entender a la comunidad con la que van a trabajar. En el caso de Txagorritxu, han contado con la colaboración de Pompa945, proyecto de educadores de calle del barrio El Pilar: “Ellos/as conocen la problemática real de esta comunidad porque ya han trabajado previamente con diferentes agentes del barrio. Nos pusimos en contacto con ellos/as porque son los/as que más podían aportar a la inclusión del barrio en el proyecto”, explica Cristina Gómez, directora del equipo digital.

El segundo paso es realizar un mapeo de los/as diferentes agentes del barrio y contactar con ellos/as para involucrarlos/as en el proceso creativo. “El arte participativo es una manera de implicar a la comunidad en las distintas fases de nuestras intervenciones para que los/as usuarios/as finales del espacio se sientan propietarios/as del mismo”, apuntan. 

En el pintado ha colaborado el alumnado de Luis Dorao, personas usuarias del Centro de Mayores de Txagorritxu y ciudadanos/as gasteiztarras./ Endika Portillo

Para ello organizan grupos de discusión y actividades de educación social. De hecho, en el proyecto Aquilino participaron los estudiantes del centro educativo Luis Dorao y las personas usuarias del Centro de Mayores de Txagorritxu, que realizaron sus propios diseños sobre un pintable de la cancha. Además, los/as mayores también compartieron todos los recuerdos y vivencias que tenían sobre el parque. 

A través de estas actividades, el equipo creativo va recogiendo diferentes ideas y testimonios que luego emplean para crear el diseño final: “La cancha tiene que representar a la comunidad. La diseñadora se basa en la psicología de los colores y de las formas para plasmar todo aquello que nos han ido contando a lo largo de los días. De esta forma, cuando la gente interactúa con el espacio, siente que es suyo y su interacción con el entorno cambia por completo. Ya no solo es una cancha, es su cancha”. 

Últimos retoques antes de finalizar la cancha./Endika Portillo

Además, según explican Ane y Cristina, el día a día de las personas que viven en la comunidad también cambia: “No es lo mismo ver un espacio gris, abandonado y sucio, que ver una obra de arte, a color y con la que te sientes totalmente identificado. Ese es el impacto que buscamos a través del arte”. 

Lo más complicado para el equipo de Jump The Line, que actualmente cuenta con 4 personas, es encontrar financiación para poder sacar los proyectos adelante. Hasta ahora, las tres canchas se han podido regenerar gracias a patrocinios de instituciones públicas y privadas, ayudas y subvenciones, pero el funcionamiento y su trabajo del día a día depende de donaciones

La idea de Ane, Cristina, Jon y Marina es constituirse como asociación y poder dedicarse a ello por completo. De hecho, ya han comenzado a hablar con el Ayuntamiento de Mallorca y desde Zaragoza también se han puesto en contacto con ellos/as de cara a futuras intervenciones.  A nivel internacional, su idea es realizar un proyecto en Nepal y poder volver a la India. “No descartamos explorar nuevos espacios, aunque de momento hay muchos espacios deportivos por regenerar”.