“Vitoria es la ciudad ideal para generar un público fiel, pero hace falta una programación constante”

Conocemos a fondo el trabajo de Garbiñe Ortega, curadora de cine, y analizamos con ella la programación audiovisual de Vitoria-Gasteiz

Garbiñe Ortega es curadora y productora de cine./Endika Portillo

Garbiñe Ortega es curadora y productora de cine. Licenciada en Comunicación Audiovisual por la UPV y especializada en cine experimental y de no-ficción, su práctica se centra en el comisariado, en la educación, la construcción de públicos y la creación de marcos específicos que amplifiquen la experiencia colectiva cinematográfica. 

Durante los últimos años ha vivido en California y México, y su trabajo curatorial se ha mostrado internacionalmente en distintos festivales de Estados Unidos y Europa. Hace apenas unos días finalizaba su etapa en el Festival Internacional de Cine Documental Punto de Vista, del que ha sido directora artística durante las últimas cuatro ediciones. 

Llevas años dedicándote a la curaduría de cine, una profesión, a priori, desconocida para muchas personas. ¿Cuál es el trabajo de una curadora? 

La curaduría de cine es un oficio bastante desconocido a este lado del mundo, aunque es una figura que existe en los museos desde los años 40. Es un oficio bastante similar al del/a comisario/a de arte, que no solo hace una selección de obras sino que crea un discurso a través de esa selección. En cine lo podemos comparar con el del/a editor/a; trabajas con una serie de materiales que pones en relación para generar un discurso o una serie de mensajes o itinerarios para el/a espectador/a. 

¿Cómo te formaste para ello?

Estudié Comunicación Audiovisual en Leioa. Me acerqué casi de manera intuitiva a la profesión, sin saber que lo que estaba haciendo era comisariado fílmico. Mientras impartía un curso sobre historia del cine moderno, una participante, que era trabajadora de Artium, me invitó a colaborar de manera regular en el museo. Fue un laboratorio maravilloso donde pude poner en práctica, de manera absolutamente intuitiva, cuestiones que me interesaban como la educación, la difusión y la transmisión de conocimientos. Después de un tiempo probando y trabajando en festivales de cine, intuía que había algo más y me fui a EEUU, al Pacific Film Archive, en San Francisco. Allí hice una estancia profesional y aprendí de esa profundidad que yo intuía, y de esas técnicas y cuestiones que tienes que tener en cuenta en este oficio. 

Tu trabajo curatorial ha sido mostrado internacionalmente en instituciones y festivales como Anthology Film Archives (NYC), San Francisco Cinematheque, La Casa Encendida, Tabakalera o el Festival Internacional de Cine de Morelia. ¿Cómo has conseguido hacerte un hueco internacional en este sector?

Explorando vías, no hay una fórmula. Siempre he seguido mi intuición y mis ganas de saber más. Me interesa mucho la investigación y el descubrimiento de nuevas obras, así que empecé a presentar proyectos desde EEUU para Europa y de Europa para EEUU. Poco a poco fui ampliando horizontes e investigando sobre nuevas áreas. Traía el cine de vanguardia de EEUU a diferentes lugares como La Casa Encendida de Madrid o al CCCB de Barcelona, obras que nunca se habían exhibido en España. 

Garbiñe Ortega durante la entrevista con Go Gasteiz Kultura. /Endika Portillo

Tienes experiencia programando tanto para festivales nacionales como del extranjero. ¿Hay diferencias a la hora de programar? ¿Cómo varía tu trabajo de un proyecto a otro?

Varía dependiendo del festival o del museo en el que trabajes. Evidentemente se trabaja de diferente manera en México, EEUU, Francia o España, pero en mi caso depende más de la línea editorial de cada espacio o festival, cada uno tiene sus propias características. Tienes que saber dónde estás, para quién trabajas, quiénes son tus públicos, cuáles son las programaciones, etc. Hay un montón de aspectos que tienes que tener en cuenta según el proyecto en el que aterrices.  

Durante tu trabajo como curadora, ¿tienes que disociar tus gustos personales de aquello que te pide la organización o el propio festival? Y si es así ¿cómo lo haces?

He tenido la suerte de trabajar siempre con películas y líneas que me interesan. Evidentemente, tienes que tener una mirada amplia y generosa. Hay que entender el contexto para el que trabajas y ver cómo puedes construir una programación coherente.

No se trata de programar lo que a ti te interesa sino de responder con tu programación a lo que consideras que ese espacio necesita. Pero siempre va a ser subjetivo, ya que lo que tú crees relevante a otra persona puede no parecérselo. La curaduría cree en las miradas de los/as curadores/as y es justamente lo que aporta el trabajo curatorial. No hay que tenerle miedo a que sea subjetivo, hay que abrazar esa subjetividad, esa mirada propia. 

Con la globalización y el mayor acceso a internet, las barreras geográficas se van diluyendo e imagino que la cantidad de obras entre las que tienes que hacer la selección habrá aumentado mucho en los últimos años. ¿Cómo se gestiona esto?

Es un momento bastante abrumador. Se multiplican las propuestas y eso hace que esa búsqueda fina y cuidada sea más ardua. Son otro tipo de retos; en los años 70 los/as curadores/as tenían que programar sin ver apenas el trabajo y ahora es todo lo contrario, tienes en tu mail 20.000 links de películas. Ha cambiado radicalmente la forma de trabajar. La labor de ordenar, de agrupar y de hacer los trabajos digeribles y sostenibles para el/a espectador/a se vuelve mucho más importante.

Acabas de terminar tu período de cuatro años como directora artística del Festival Punto de Vista. Háblanos un poco de esta experiencia. ¿Cómo ha sido y qué has aprendido en este viaje?

Ha sido una experiencia súper rica, muy intensa y muy gratificante. Creo que hemos presentado un proyecto que ha generado mucho interés. Uno de mis grandes objetivos era atraer a públicos que normalmente no acuden a estas citas cinematográficas. Ha habido un verdadero cruce de públicos y de artistas que a través de la programación se han sentido apelados/as e interesados/as. Para mí esa ha sido una de las mayores satisfacciones. He hecho una apuesta por un cine más performativo, ligado a la experiencia colectiva, he buscado esa idea de lo híbrido pero también de lo colectivo. Ha sido muy satisfactorio ver una respuesta tan entusiasta y tan comprometida con el programa.

Garbiñe Ortega en el Festival Punto de Vista./ Punto de Vista

La dirección artística del Festival Punto de Vista se escoge mediante convocatoria de concurso público. ¿Es bueno para un festival cultural que la dirección vaya cambiando cada cierto tiempo? ¿Qué puede aportar esto al propio festival? 

Me parece fundamental que se hagan procesos transparentes de este tipo porque dignifican el trabajo, y dan valor al conocimiento específico y la experiencia que tenemos los/as curadores/as. Además da salida a nuevas caras y nombres que probablemente de otra manera no tendrían acceso a este tipo de puestos. Por otro lado, me parece muy saludable para el proyecto reanudar la dirección artística, aunque es un ciclo corto y se necesita un recorrido algo más largo para desarrollar ciertas líneas y que se asienten.

Se habla de los públicos de cine, los públicos de danza, los públicos de museos, pero son ya muchos los proyectos que proponen que las disciplinas artísticas confluyan. Según tu experiencia, ¿hasta qué punto influye en el consumo cultural la disciplina artística y hasta qué punto “el relato / esencia” de los propios proyectos? 

Hay que saber comunicar cuál es el proyecto, cuál es la idea, cuales son los ejes temáticos y cuales son los actores que pones en esa situación. En la curaduría convocas a ciertas personas a una experiencia colectiva y les pides que la atraviesen sin prejuicios, sin pensar ‘eso es cine y yo no me acerco porque soy de danza’ y viceversa. Esa ha sido mi forma de trabajar y esa ha sido mi manera de pensar el programa del Festival Punto de Vista. En estos cuatro años sí se ha conseguido ese objetivo porque se han acercado músicos, coreógrafos/as, bailarines/as, artistas sonoros y todo el mundo se ha sentido parte de esta experiencia. No han acudido solo a la actividad que tiene la categoría de ‘danza’, sino que han sentido que esa pieza específica que podía estar relacionada con la danza era parte de un todo, y ese todo también los/as invocaba.

Durante los últimos años has estado al frente del programa Zinema Gaur de Montehermoso y participas  en el ciclo “Historias de cine feminista”, que nace de la colaboración entre Artium y Tabakalera. ¿Qué perfiles son los que se acercan a este tipo de propuestas y qué condiciones habrían de darse en una ciudad como Vitoria para poder incidir en el trabajo de públicos audiovisuales?

Lo que hace falta es una programación constante. Vitoria es la ciudad ideal para generar un público fiel; veo las ganas, la curiosidad y la respuesta sin prejuicios a cualquier tipo de propuesta audiovisual. Lo que falta es constancia en la programación, ya que cuando una propuesta ha creado un público, desaparece. Ver este tipo de acciones me da mucha lástima, los/as agentes culturales sabemos que lo más complicado es generar fidelidad y respuesta, que la gente se sienta parte de un programa. 

Garbiñe Ortega. /Endika Portillo

En este sentido, ¿cómo se atiende en Gasteiz a los públicos infantiles y adolescentes, pilares del trabajo con los públicos?

No veo claras las líneas de la política cultural de esta ciudad. Me gustaría entender los objetivos y planes, hacia dónde van las cosas. Hay propuestas maravillosas en diferentes áreas, pero son escasas comparándolo con todo lo que se podría hacer. Vitoria tiene grandes posibilidades de ser una ciudad cultural, cuenta con gente muy válida, con agentes culturales y artistas super interesantes, pero sin embargo hay cierta inconstancia que no permite que este ecosistema sea todo lo fuerte y floreciente que debería ser. 

Mencionábamos el caso de la colaboración entre Artium y Tabakalera, ¿es esta, la de la colaboración con otros agentes culturales, una fórmula interesante para enriquecer la oferta audiovisual de una ciudad como Gasteiz?

Por supuesto. Creo mucho en este tipo de colaboraciones y sinergias, es algo que siempre he practicado, me parece muy saludable. En España se ha impuesto por necesidad, pero en otros lugares del mundo se hace de manera muy natural, sin buscar la exclusividad. Afortunadamente, aquí se está haciendo cada vez más por voluntad, pero todavía hay más fórmulas que se pueden poner en práctica y ojalá se den, porque con eso ganamos todos. 

Si te pidiéramos una lista de cuestiones urgentes a atender desde Vitoria en materia de oferta audiovisual, ¿cuáles serían tus primeros puntos y a quiénes llamarías a la acción?

Vitoria es una ciudad que no tiene ninguna sala en versión original, algo que me llama mucho la atención. Creo que también merecería tener una programación continuada de calidad, un festival o varios festivales que ofrezcan una programación diversa, heterogénea, abierta al mundo y de calidad. Además, se debería de cuidar a los/as artistas emergentes interesados/as en la imagen en movimiento, a través de programas formativos de diversas índoles.