Fotografías por Isabel González Ortiz de Urbina e imágenes cedidas por Iris Audiovisual.
Detrás del proyecto está David Álvarez, graduado en Comunicación Audiovisual, impulsor del Festival Zinexpress, de la película colectiva Begirada y del reciente documental Baaldo: una emergencia pop. A través de Iris Audiovisual, Álvarez ha explorado el cine, el teatro y la creación comunitaria, siempre con una mirada cercana a las nuevas generaciones y al colectivo LGTBI+.

Tu relación con el audiovisual viene de lejos. ¿Cuándo descubriste que querías dedicarte a esto?
Siempre me gustó el mundo del espectáculo. Me gustaba mucho el teatro y, siendo adolescente, cogí una cámara y vi que aquello me atraía especialmente. Tenía claro que quería estudiar algo relacionado con el audiovisual y acabé cursando Comunicación Audiovisual en la UPV. Después hice un máster en Radio Televisión Española, en Madrid.
También hice teatro amateur aquí en Vitoria, pero al final siempre he acabado acercándome más al audiovisual. Es el lugar donde me siento más cómodo.

¿Y cuándo nace Iris Audiovisual?
La asociación nace cuando todavía estábamos en la universidad. Creo que fue en 2015. El año pasado cumplimos diez años. Desde entonces hemos desarrollado varios proyectos muy diferentes.
Empezamos con el Festival Zinexpress de Vitoria-Gasteiz, después llegó Begirada, que fue la primera película colectiva realizada por jóvenes creadores/as de la ciudad. Recientemente, hemos estrenado el documental Baaldo: una emergencia pop.


¿Cómo fueron aquellos primeros pasos?
Todo empezó con el Festival Zinexpress. Lo organizamos junto a Haziak y funcionó muy bien. Desde el Ayuntamiento nos recomendaron acercarnos a Gauekoak y nos explicaron que, para poder desarrollar proyectos de este tipo, nos convenía constituirnos como asociación.
Así que hicimos todos los trámites y seguimos adelante. Al principio toda la parte burocrática resulta bastante pesada, pero con el tiempo aprendes a manejarla.
¿Os habéis planteado alguna vez convertiros en productora?
Sí, muchas veces. Hemos hablado de crear una productora, alquilar un local y profesionalizar la estructura. Pero siempre nos ha parecido un salto demasiado grande.
Ahora mismo trabajamos desde casa y nos resulta mucho más sencillo seguir funcionando como asociación. Quizá en el futuro cambie, pero de momento estamos cómodos así.


Uno de vuestros proyectos más ambiciosos fue Begirada. ¿Cómo surgió aquella idea?
Veíamos que en Bilbao o Gipuzkoa existían proyectos colectivos audiovisuales, pero normalmente estaban protagonizados por directores ya consolidados. Nosotros queríamos hacer algo parecido en Vitoria, pero apostando por gente joven que estaba empezando.
Participaron diez realizadores y realizadoras menores de treinta años. Había nombres como Ainhoa Ordóñez, Jorge Moneo o Maitane Carballo, entre otros. También colaboró la Escuela de Artes y Oficios.
Conseguimos financiación de Fundación Vital y Gauekoak y pudimos sacar adelante una película colectiva que se estrenó en febrero de 2020, dentro de la Semana de Cine Vasco.

Justo antes de la pandemia.
Exacto. Se estrenó en febrero y en marzo llegó el confinamiento.
Muchas veces hemos pensado qué recorrido habría tenido el proyecto en otras circunstancias. Aun así, creo que tuvo la vida que tenía que tener. Cada participante pudo seguir distribuyendo su pieza individualmente y algunas llegaron a festivales.
En vuestra trayectoria hay también una clara vinculación con el colectivo LGTBI+.
Sí. Es una realidad con la que nos identificamos personalmente y que forma parte de nuestras inquietudes culturales.
Por eso impulsamos Udagora, que era un festival de cine y artes escénicas orientado al colectivo LGTBI+, pero con una vocación muy participativa. Queríamos que la gente no solo asistiera a las actividades, sino que también pudiera debatir, compartir experiencias y generar comunidad.
Creemos que en la ciudad hacen falta más espacios de ocio cultural vinculados al colectivo. Existen iniciativas muy valiosas, como las que desarrolla Ikusgune, pero pensamos que todavía hay margen para generar nuevos lugares de encuentro y estamos trabajando en ello. Esperamos poder anunciar pronto sorpresas al respecto.


El último gran proyecto que habéis presentado ha sido Baaldo: una emergencia pop. ¿Qué cuenta este documental?
Cuenta la historia de Baldo, un artista LGTBI+ de Mallorca que intenta sacar adelante su carrera musical desde la precariedad.
En medio de ese proceso descubre que tiene un nódulo en la garganta y que necesita una operación que pone en duda su futuro como cantante. La película sigue precisamente ese momento de incertidumbre: qué ocurre cuando alguien que vive para la música se enfrenta a la posibilidad de perder su voz.
¿Cómo ha sido la recepción del público?
Muy buena. Lo estrenamos en el Atlàntida Mallorca Film Fest y la acogida fue fantástica. También lo hemos proyectado en Vitoria y la respuesta ha sido muy positiva.
Nos gustaría seguir moviéndolo y que continúe encontrando espectadores.



¿Cómo ves el panorama audiovisual en Vitoria-Gasteiz?
Creo que hay gente muy interesante haciendo cosas. Evidentemente, nombres como Paul Urkijo tienen una visibilidad enorme, pero también hay una generación de creadores y creadoras que está trabajando desde otros lugares.
Hay personas que buscan una trayectoria más cercana a lo comercial o lo mainstream y otras que prefieren moverse en los márgenes. Ambas opciones me parecen igual de válidas. Lo importante es que exista esa diversidad de miradas.
La inteligencia artificial está transformando el sector audiovisual. ¿Cómo la ves?
Creo que puede ser útil para determinadas tareas técnicas. Yo, por ejemplo, la he utilizado para limpiar audios o facilitar algunos procesos.
Pero en la parte creativa sigo pensando que tiene que haber una intervención humana. Si haces un videoclip entero con inteligencia artificial, se nota. Y, además, pierde algo esencial.
La tecnología puede ayudar, pero la creatividad tiene que seguir estando en las personas.
Para terminar, ¿qué obras recomendarías a quien quiera conocer mejor tus referencias culturales?
Me gusta mucho Xavier Dolan, especialmente Mommy. Entre las series diría The White Lotus.
De aquí me quedaría con Gaua, de Paul Urkijo, y con Amama, de Telmo Esnal, una película que me marcó muchísimo cuando la vi por primera vez.


