«Los espacios educativos deben invitar a la acción pedagógica»

Ahinitze Errasti y Alejandro González co-dirigen desde 2016, Nondik, un estudio con sede en Vitoria-Gasteiz especializado en el desarrollo de proyectos que unen arquitectura y educación.

 Ahinitze Errasti y Alejandro González dirigen el estudio de arquitectura Nondik / Yone Estivariz

Tras cursar arquitectura en la Universidad Politécnica de Barcelona, ambos desarrollaron parte de su carrera profesional en distintos despachos de los Países Bajos, un hecho que les permitió especializarse en proyectos arquitectónicos vinculados a lo cultural y educativo. «En Holanda aprendimos la importancia del proceso de diseño, de dar vueltas a las ideas. Eso nos reforzó en nuestra idea de que queríamos volver a Euskadi aplicando esa forma de hacer, cuidando y manteniendo esa parte de nuestro trabajo», explica Errasti. Afirman que el nombre de la empresa refleja la importancia que le dan al proceso como una parte del aprendizaje colectivo que desarrollan en cada uno de sus proyectos, tanto a nivel de equipo como a nivel colaborativo con las personas usuarias: «Nondik nos indica de dónde venimos y hacia dónde vamos».

Recientemente, han desarrollado proyectos como el Plan Director para el diseño de los espacios de Educación Infantil, Primaria y Secundaria en Elkar Hezi Ikastetxea en Oñati o el proceso participativo para la nueva casa de Cultura de Atxondo, entre otros. Desde hace tres años, impulsan E3 Ezina Ekinez Egiteko, una propuesta de intervención interdisciplinar que les ha valido recibir en los dos últimos la ayuda Bitartez a proyectos de mediación e innovación cultural y social, impulsada por el Departamento de Cultura y Política Lingüística de Gobierno Vasco: «esto nos ha permitido llegar a más centros, y poder hacerlo de una forma más enriquecedora, incorporando a los procesos de trabajo y diseño perfiles que provienen de la antropología, el arte, el diseño, la educación o la pedagogía, fomentando la mirada interdisciplinar» afirman.

Operan desde un despacho ubicado en la planta superior del Semillero de Empresas del Casco Viejo de Vitoria-Gasteiz. Allí, entre maquetas, planos e ideas que vienen y van, conversamos sobre el trabajo que desarrollan en el fomento de esa mirada común entre los ámbitos de la arquitectura y la educación.

¿Cuáles son las principales líneas de trabajo de Nondik?

Ahinitze Errasti [A.E.]: Por un lado, ofrecemos formación en arquitectura tanto a docentes como a niños y niñas. Esto es muy importante porque la arquitectura nos afecta a todas y tener una mirada distinta hacia el entorno que nos rodea es clave. También es importante porque cuando vamos a los centros educativos se le pregunta al docente: ¿cómo quieres que sea tu espacio? Y para tomar estas decisiones hay que tener cierto conocimiento, porque sino se hacen parches y las cosas no funcionan.

Alejandro González [A.G.]: Otra línea de trabajo es el asesoramiento. Muchas veces nos encontramos con centros que están en procesos de cambio, o que quieren hacer cambios y tienen que elegir mobiliario, colores, reestructurar… Hacemos planes directores donde, estudiando lo existente, se pueda mejorar el uso de los espacios. Por último, el trabajo más tradicional vinculado al diseño y ejecución de proyectos arquitectónicos que terminan en obra.

Ahinitze Errasti y Alejandro González / Yone Estivariz

El proceso es una cuestión central en vuestro trabajo… ¿Cómo lo entendéis?

A.G: Siempre decimos que construimos una especie de constelación. Sabemos que empezamos en un punto y tenemos que llegar a otro, pero no sabemos cuál es ese otro, ni cómo es, porque no tenemos una idea preconcebida del final. Eso es el “proceso” en sí, nuestra herramienta de trabajo. Pero cuando hablamos de “proceso” también nos referimos al que desarrollamos internamente, en la oficina. Cuando empezamos un proyecto nunca trabajamos en base a ideas únicas, sino que hacemos muchas pruebas, algunas absurdas y otras no, pero las que son menos beneficiosas también nos dicen lo que tenemos que hacer o por dónde tenemos que ir. Es un trabajo de prueba-error constante.

A.E: Nuestro punto de partida fue especializarnos en espacios educativos trabajando desde procesos participativos. Para nosotros no hay clientes, sino personas que van a habitar unos espacios, y consideramos que es clave implicarlas desde el minuto uno en todo el proceso de diseño. Trabajamos con alumnado, con profesorado, también con familias. Realmente mezclar perfiles distintos es muy interesante, te das cuenta que existen muchos miedos. En ocasiones lo que hacemos es sumergirnos en los propios modelos o sistemas de funcionamiento participativo que tiene en marcha la propia comunidad.

¿Cómo trabajáis el diálogo entre arquitectura y educación?

A.E: Desde una mirada común.Cuando arrancamos con un proyecto normalmente nos encontramos que el objetivo suele ser convertir un planteamiento pedagógico en espacio, y trasladar ese concepto pedagógico y metodológico al espacio requiere entender el proyecto desde ese punto de vista. Tenemos que entender cómo funciona la educación, quizá no tanto como una profesional de este campo, pero sí debemos tener esa mirada y conocer las distintas corrientes pedagógicas que existen, cómo son los procesos de aprendizaje, qué metodologías se trabajan… y eso requiere formación continua en ese campo. Tratar de mantener esta perspectiva es clave para aplicarla a nuestros proyectos arquitectónicos.

¿Qué configuración consideráis que debe tener un espacio educativo del siglo XXI?

A.G: No tenemos una idea preconcebida, pero sí está claro que el aula con pupitres enfrentados de forma unidireccional hacia una pared donde están el profesor y la pizarra es algo que está cambiando. De hecho, la pedagogía ya no sigue ese esquema y tenemos que ir a uno que sea multidireccional y complejo, y que no responda a una sola forma de aprender o estar, sino a múltiples. Y también que responda a cada una de las personas que vive ese espacio. Cada caso es distinto y muy personal, y los espacios educativos de hoy deberían responder de la forma más amplia posible a cada una de esas formas de relacionarse y aprender.

A.E: No se trata del cambio por el cambio. Esto pasa por un cambio pedagógico y una transformación en la educación, es decir, la transformación de un sistema. Hasta hace poco se le daba mucha importancia al perfil de la persona docente, ahora eso se está transformando y se aprende desde la experimentación, el trabajo en común, el propio entorno… para ello necesitamos otros espacios. Al mismo tiempo, desde un punto de vista inclusivo, la única forma de responder a la diversidad que nos encontramos en los centros educativos es ofrecer espacios diversos y complejos.

Espacios complejos…

A.G: La complejidad debe ser algo que responda a un esquema simple y entendible por todo el mundo pero que, incluso aunque sea entendible o fácil de construir, responda a cuestiones diversas.

A.E: Si tenemos un espacio que imponga una única forma de habitar y de estar estamos dirigiendo el comportamiento. Lo que queremos es un escenario pedagógico donde cada persona pueda hacer el proceso de aprendizaje de una forma distinta: espacios para sentarse, para estar tumbados, para poder aprender de una forma más lúdica o más concentrada y la única forma de conseguir que eso funcione es con la complejidad. Hertzberger, un experto en arquitectura educativa, habla del nivel de articulación y de definición. Los espacios tienen que ser suficientemente abstractos y abiertos para que las personas que los habitan puedan buscar sus propios usos, pero siempre invitando a una acción, pedagógica en este caso. Necesitamos articular el espacio de forma que invite a hacer distintas acciones y que se pueda elegir donde estar, pero a la vez sin crear lugares totalmente abiertos o flexibles donde el profesorado tenga que acabar decidiendo cómo estructurarlo o que terminen siendo un caos, porque ese caos tampoco ayuda. La complejidad no es el caos, la complejidad es que tengamos diversidad.

En Arizmendi ikastola llevasteis a cabo un proyecto que terminó en libro…

A.G: Fue un caso especial donde trabajamos con profesorado y alumnado de bachillerato. Planteamos un proceso participativo con dinámicas donde se trabajaban análisis y diagnóstico, creación e imaginación de espacios ideales y luego una puesta en común que nos llevó a hacer un decálogo de necesidades y objetivos. Pero hicimos también un proceso participativo a la inversa. El propio grupo pedagógico nos dio una serie de formaciones al equipo de arquitectos e ingenieros que nos empapábamos de lo que realmente querían conseguir ellos. De allí salieron los criterios arquitectónicos que ahora usamos en nuestros proyectos.

A.E: Se le dio mucha importancia al proceso, y desde el inicio querían que se guardara. Trabajamos para que cada uno de los hitos que fuimos alcanzando, decisiones, caminos recorridos… se plasmaran en un libro que se llama Arquitectura en bachillerato. Pedagogía de la confianza.

¿Como es el trabajo de diseño que desarrolláis con los centros?

A.G: Todo empieza con una idea por parte de un grupo promotor que ve necesidades de cambio. Nos juntamos y nos explican su funcionamiento, su día a día. Aquí entra esa constelación de la que hablaba antes, con muchas fases, unas más participativas, otras más técnicas… y en cada uno de esos puntos aparecen cuestiones que no esperábamos: ideas, contratiempos, temas económicos, de seguridad… La forma en cómo los unimos, de manera abstracta lógicamente, hace que desarrollemos el proceso. Una primera pregunta que hacemos es el “qué” y el “por qué”: ser conscientes de lo que se quiere y planteamos un proceso participativo que puede ser de todas las maneras que podamos imaginar, con diferentes dinámicas, tiempos y agentes que participan en función de lo que se quiere buscar. Normalmente también hacemos un plan director que nos permite conocer el espacio o el edificio, sus puntos negros, etc. que nos permitan dar respuesta a esa necesidad.

A.E: Muchas veces en el sector de la arquitectura estamos acostumbrados a que nos den un programa que habla de metros, pero no habla de sensaciones o emociones. Nosotros creemos que ese programa hay que reinterpretarlo y reestructurarlo. Los criterios arquitectónicos que mencionábamos antes, vinculados a la pedagogía, los escribimos desde el principio y de forma interna antes de empezar con el trabajo arquitectónico puro y duro. Estos criterios no son literales, hay que modificarlos o quizá no se pueden lograr, pero sí nos dan un camino, nos sirven de guía de trabajo con las escuelas para reflexionar en común sobre lo que se quiere en relación al proyecto pedagógico. Por ejemplo, ¿qué supone trabajar de forma individual? Necesitamos seguridad, relación con el entorno, luz individual, unas barreras cerca, no aislarnos, etc. Esto varía en cada proyecto.

A.G: Nuestra bolsa de datos viene por el tipo de pedagogía que se quiere llevar a cabo, también el proceso participativo, que no deja de ser otra herramienta más, y por una serie de variables de carácter más objetivo y físico. Por ejemplo, cuánta luz o sombra hay, si hay pavimento duro o blando, flujos de circulación, o incluso reformas previas… Toda esta documentación y recogida de datos, más la percepción propia que te da el visitar un sitio y hablar con la gente, va sumando y hace que las diferentes ideas que desarrollamos aquí, en el estudio, vayan tomando forma. Luego hay puestas en común varias. Y en cuanto se va definiendo y desarrollando el proyecto arquitectónico básico, viene el proyecto de ejecución y luego empezaría la obra. La obra no siempre empieza como una obra en sí misma, sino que a veces vuelve al proceso participativo, pero de una manera activa, porque a nivel de seguridad es viable, por ejemplo, mediante el trabajo de auzolana.

Procesos participativos con centros educativos (de izquierda a derecha, de arriba abajo): Ramón Bajo ikastetxea, Arizmendi ikastola, Txintxirri Ikastola, Elkar Hezi ikastetxea (2), Mariaren Lagundia ikastetxea / Cedidas

E3 Ezina Ekinez Egiteko, es un proyecto interdisciplinar que ponéis en marcha este año por tercera vez… ¿de qué trata?

A.E: E3 es una metodología interdisciplinar para transformar los espacios funcionales de los centros en espacios educativos. Eso significa, por ejemplo, que un espacio como un pasillo que desde el punto de vista de muchas personas sirve solo para caminar y moverse, sea un espacio educativo donde relacionarse, hacer actividades o aprender. Lo mismo con un comedor, un patio o una sala de actos. Al final son espacios de relación de los centros donde creemos que se puede generar actividad cultural y artística, y que pueden servir como lugares para aprender de forma colectiva. Lo que hacemos es abrir una convocatoria para que los centros planteen una problemática en cuanto a un espacio y eso se convierte en nuestro caso de estudio.

A.G: Este año haremos tres casos de estudio que abordan la relación entre espacio e inclusión. Se han presentado 15 centros a la convocatoria, que han planteado una problemática o situación relacionada con la inclusión, ya sea vinculada a movilidad, migración, género, bullying, autismo… que se da en su centro. Una vez seleccionados los tres casos, trabajaremos con los propios centros, un comité de personas expertas y también con la creación de un artefacto artístico que se instalará en el centro educativo. E3 es una reflexión colectiva de donde sacamos una serie de conclusiones, una especie de recetario sobre cómo, de una forma algo abstracta y abierta, solucionar un problema y que, además, pueda servir a otros centros. También vamos a organizar una jornada sobre arquitectura y educación con distintas ponencias y talleres. Haremos una convocatoria abierta para que personas que trabajan en este ámbito puedan participar.

¿Se destinan los recursos suficientes desde centros y/o administraciones?

A.E: Desde la Administración los recursos se destinan al propio mantenimiento de los edificios. En cuanto a innovación o transformación de espacios por un motivo pedagógico, la inversión no existe. Gran parte de los proyectos que iniciamos en los centros públicos se impulsan desde dirección o las AMPAS, por esas ganas de cambiar, pero luego se encuentran con las puertas cerradas o procesos cortos porque en la administración no hay dinero para esto. Por ejemplo, desde el Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz hemos recibido ayuda desde el Departamento de Participación como proceso participativo y de formación, y es un apoyo importante, pero en general los recursos son limitados.

A.G: La Administración lo que hace es crear nuevos edificios, y esos van por concurso. El problema de los concursos, a parte del riesgo que asumes como empresa, es que no se valora a nivel pedagógico si el proyecto es mejor o peor, sino que se valora que cumpla el programa justo que se ha pedido: tantas aulas, tantos metros cuadrados…  y sobre todo económicamente, estamos en un escenario en que el que va más a la baja se lleva el proyecto. ¿Qué pasa con esto? Ahora nos encontramos que todos los nuevos centros son iguales, el ejemplo lo tenemos aquí mismo en Vitoria-Gasteiz.

Ahinitze Errasti y Alejandro González / Yone Estivariz

Por lo tanto, ¿los proyectos que impulsáis se quedan en este proceso inicial o llegan a ejecutarse?

A.E: La mayoría de proyectos que podemos ejecutar son en centros concertados. En la escuela pública hemos hecho proyectos sobre todo vinculados a esa fase del desarrollo de ideas, de asesoramiento participativo, y en muchos centros están ahora trabajando con la Administración para poder conseguir financiación para construirlo. El proceso es más lento. A veces tenemos que escribir proyectos en función de lo que se pueda abarcar por tiempos o por economía. Y muchas veces, como no hay financiación, planteamos hacer trabajo en auzolan. Nosotros damos las directrices, las ideas o el asesoramiento y a través del trabajo en común con alumnado o familias se puede ir haciendo.

Si lanzáis una mirada al futuro: ¿hacia dónde la dirigís?

A.E: Que estos proyectos piloto dentro de E3 se puedan exportar a otros sectores. Que la concepción de edificios que van a ocupar personas muy diversas, por ejemplo, los culturales, se pudiera trabajar así, con miradas multidisciplinares y con equipos donde trabajar la participación de una forma más integrada. Pero eso requiere una forma diferente de abordar la arquitectura y son procesos complejos. Ojalá podamos ir en ese camino, esa sería nuestra forma ideal de diseñar.