“La función más compleja del cerebro humano es la lectura”

Celebramos el Día Internacional del Libro hablando con el neurólogo David Ezpeleta sobre los beneficios que proporciona la lectura en nuestro cerebro

David Ezpeleta, neurólogo.

«La lectura sosegada baja la tensión arterial, la frecuencia cardiaca y el cortisol plasmático. Además, leer genera una reserva cognitiva que puede ser crucial para prevenir o mitigar la degeneración neuronal y las enfermedades que se relacionan con ella». Estos son solo algunos de los beneficios que, según el neurólogo David Ezpeleta, genera la lectura.

Ezpeleta es secretario de la Junta Directiva y responsable del Área de Cultura e Historia de la Sociedad Española de Neurología, y trabaja actualmente en el Hospital Universitario Quirónsalud Madrid, la Fundación Vianorte-Laguna de Madrid y el Hospital San Juan de Dios de Pamplona. Para celebrar el Día Internacional del Libro hablamos con él sobre ‘La lectura desde la neurociencia’, documento en el que habla sobre los efectos de la lectura en el cerebro.

Celebramos este día del libro en plena crisis del COVID – 19, viviendo una situación complicada y desconocida para la gran mayoría. En este escenario de confinamiento son muchas las personas que recurren a la lectura. ¿Cuáles son, en general, los efectos positivos que este hábito tiene en nuestra mente? 

A parte de estar informado o nutrido intelectual y culturalmente, desde el momento en el que alguien coge, abre un libro, fija la mirada en un párrafo y comienza a leer, todas las partes de su cerebro se activan. Sentir el tacto a la hora de coger el libro, recordar dónde lo compró o quién se lo prestó, o rememorar la vida de ese/a autor/a… todo eso es automático y comienza desde el momento en el que coges un libro. Cuando posas la mirada sobre el párrafo y comienzas a leer, esos signos son interpretados en un contexto léxico y semántico. El cerebro junta las letras, forma sílabas, palabras, y les da un contenido y un significado.

Las descripciones que se hacen en el texto también activan áreas de la memoria visual. Se ponen en marcha diferentes memorias. Para poder fijar lo que estás leyendo se activa la memoria trabajo. La memoria remota se utiliza para incluir lo que estás leyendo en lo que ya habías leído antes. Y la memoria prospectiva se necesita para aventurar el futuro e imaginar lo que va a pasar.

¿Se acentúan los efectos positivos especialmente en situaciones de crisis como esta?

En situaciones especiales se agudizan algunos sentidos. El aprendizaje se fundamenta en dos cuestiones: la emoción y la atención. Si consigues tener algo entre tus manos que te emocione y dispones de tiempo para leerlo y aislarte, vas a disfrutar mucho más y vas a fijar mejor los contenidos.

En ‘La lectura desde la neurociencia’ afirmas que leer produce cerebralmente una especie de efecto mariposa. ¿Qué quiere decir esto?

Que el hecho aparentemente simple de leer activa prácticamente todas las áreas cerebrales de forma sincrónica. También se activan las neuronas espejo. Si estás leyendo una descripción de una persona que está jugando al tenis y eres jugador/a de tenis, se activan de forma inconsciente las áreas cerebrales premotoras que darían la orden en caso de tener que dar un raquetazo. La imaginación llega hasta esos extremos.

Llevamos muchos días en casa y aún tendrá que pasar bastante tiempo para volver a la normalidad. Ante este horizonte, más nos vale elegir lecturas que nos aporten, sea porque nos entretienen, nos emocionan, nos enriquecen… ¿El cerebro responde de manera diferente a un tipo de texto que a otro? Es decir, ¿es igual la actividad cerebral si se lee una poesía o una novela negra?

Posiblemente sí responde de manera diferente. En una novela negra se tiene que poner en marcha la malicia de la persona que lee, su experiencia lectora previa y la capacidad de reconstruir hechos presentes, pasados y sobre todo, futuros. Sin embargo, la poesía es síntesis. Lo que busca la poesía es decir lo máximo con el mínimo número de palabras y, además, de forma bella. Lo que se le exige al cerebro de la persona que lee poesía es un conocimiento del lenguaje y un conocimiento del lenguaje simbólico, es decir, las metáforas, las metonimias, etc. El/la lector/a tiene que saber cuáles son los recursos líricos y si no, lo irá aprendiendo a medida que lee poesía. Además, le acrecienta la capacidad de abstracción, de creatividad y de reconstrucción del texto poético.

Y si hablamos de soportes, ¿es igual para el cerebro leer en formato papel que hacerlo a través de una pantalla con un libro digital? 

Yo creo que no, pero la forma de leer de la gente de ahora está adaptada a este tipo de libro, y su forma de disfrutar ese PDF puede ser tan válida como la de los que no somos nativos digitales. Las personas que leen en papel necesitan ver el lomo, el grosor, tocarlo, olerlo, saber dónde han comprado el libro o quién se lo prestó. Todo esto te lo va a proporcionar un libro físico. Este te permite saber lo que te queda con una simple visualización de dónde tienes el marcapáginas o te permite subrayar de una manera más cálida que un subrayador de un pdf. Emocionalmente, cognitivamente e intelectualmente son todo ventajas. La desventaja obvia es la acumulación y el volumen.

Y en cuanto a la lectura no literaria, sino a esa que se centra en los contenidos textuales compartidos en redes sociales y otros canales digitales, ¿es tan beneficiosa como la lectura de libros?

Leer en general es bueno, lo que pasa es que estamos acostumbrando al cerebro a la lectura rápida, al estudio rápido, a los titulares, a no profundizar en la noticia, a los resúmenes. Estamos creando una legión de inatentos digitales. Por eso es tan importante volver al libro, volver a las 30-40 páginas de antes de dormir para que se reeduque ese cerebro inatento. Uno se puede informar de titulares, pero eso no es leer. Te vuelves más proclive a la inatención, a la impaciencia y por supuesto a que te engañen, por eso se llevan ahora tanto los bulos.

Habrá personas que en estos días se habrán dado a la lectura por impulso natural, pero también habrá otras que no lo hayan hecho aún porque no tengan el hábito adquirido, les cueste concentrarse, etc. ¿Existe una resistencia física del cerebro para leer o es algo cultural?

El estímulo inicial para comenzar una acción también es una función cerebral que se puede entrenar. Para referirnos a qué pasa cuando un cerebro no se estimula, hablamos de la pereza, pero la pereza también se entrena. Es como en el deporte. Cuando una persona que no hace deporte comienza a hacerlo, le mejoran funciones cerebrales como las funciones cognitivas y ejecutivas. Las ejecutivas son aquellas que se ponen en marcha cuando tienes que planear, secuenciar y realizar una acción. Por eso las personas que hacen deporte, cada vez tienen más facilidad para hacerlo, porque les mejora el cerebro y este les predispone a hacer deporte. Con la lectura para exactamente lo mismo. A una persona que lee poco y comienza a descubrir el placer de la lectura, cada vez le cuesta menos leer. 

Tenemos muy interiorizada la lectura como una actividad cotidiana del ser humano, ¿pero está nuestro cerebro realmente preparado para leer?

El cerebro del ser humano se diferencia del resto de los animales porque tiene el sistema del lenguaje más desarrollado y más complejo. La función más compleja del cerebro humano es la lectura. Con la evolución hemos ido creando una matriz neurológica cerebral que es extremadamente compleja y nos permite leer.

En tu publicación incides en lo beneficioso que resulta la lectura que se realiza en grupo; es el caso de los clubes de lectura. En este confinamiento nos estamos acostumbrando a realizar actividades colectivas vía digital, así que seguro hay personas que continúan con sus clubes de lectura en este formato. ¿Qué aporta este modo de lectura?

El compartir lo que has leído, lo refuerza y hace que lo recuerdes mejor. El aprender  de lo que han leído los demás es importantísimo. Una persona no puede quedarse con todos los matices, es imposible. En el momento que lo puedes compartir, tanto físicamente como en un blog, vas a descubrir infinidad de matices que si no te los cuenta otra persona, tú jamás te hubieras dado cuenta.

La relectura también ofrece cantidad de beneficios, porque no es lo mismo leerte ‘El Principito’ con 14 años que con 40. Y ya si hablamos de clubes de relectura, imagínate.

Más allá de estos momentos difíciles y de este día del libro, sería fundamental que la lectura formara parte de nuestra vida cotidiana. Tú defiendes, por ejemplo, que leer genera una ‘reserva cognitiva’ que puede ser crucial para prevenir o mitigar la degeneración neuronal y las enfermedades que se relacionan con ella. ¿Qué es esa ‘reserva cognitiva’ de la que hablas?

La reserva cognitiva se construye a través de las experiencias, la cultura y la lectura. Cuando lees y pones en marcha el cerebro, gestionas mucha información y esta no va al éter, esta información se tatúa en el cerebro. Es decir, las áreas que gestionan todo esto son como un músculo; a medida que tú lo usas, se hace más grueso. Si potencias tu músculo cerebral a través del intelecto, hace que si tú estás llamado/a, por tus condicionantes genéticos, a tener un deterioro cognitivo a partir de cierta edad, con una buena reserva cognitiva se puede retrasar muchos años. Es un mecanismo de defensa a ese deterioro y este aparecerá más tarde. 

El ejercicio también retrasa en 5 o más años la aparición del deterioro cognitivo. Por lo que si eres capaz de compaginar ejercicio y lectura, estás garantizando una tercera edad con tranquilidad, con salud y con la suficiente potencia cognitiva como para seguir disfrutando de los libros y del ejercicio.

Son muchas las expresiones artísticas que, como la lectura, nos están acompañando en este confinamiento. Estamos acostumbrados/as a que las artes se vinculen con el alma más que con el cerebro, como si estas fueran algo místico y no cerebral. En cambio, tú relacionas directamente algunas enfermedades como el Alzheimer o ciertos condicionantes físicos del propio cerebro con la creación artística. ¿Al final es todo química o hay algo más allá?

Posiblemente sea todo química. Hay casos publicados de artistas que han desarrollado determinados tipos de demencia que les ha producido una liberación creativa paradójica. Hay una demencia que se llama demencia frontotemporal, que afecta principalmente al lóbulo frontal. Este es el lóbulo sensor, el que nos mide los impulsos más primarios, el que nos regula nuestra conducta social, nuestro cerebro moral, etc. Es, con mucha frecuencia, el que nos hace ser menos creativos/as. Las personas más creativas tienen más desinhibición de ese lóbulo frontal, por lo que hay personas que han sido creativas a lo largo de su vida y cuando desarrollan síntomas de demencia y degeneran su lóbulo frontal, se empiezan a liberar aspectos creativos que antes los tenían inhibidos e incluso pueden empezar a emerger artes distintas. Hay pintores/as que comienzan a escribir poesía o a componer música.